Santiago Bausili aseguró que los movimientos de oro fueron auditados y que los informes no tuvieron observaciones. Sin embargo, documentación oficial muestra que la Auditoría General de la Nación no pudo concretar el examen de las transferencias y que el Banco Central sostuvo que no existían contratos con depositarios del exterior.
La controversia por los lingotes de oro enviados al exterior por el Banco Central sumó un nuevo capítulo luego de que surgieran diferencias entre las explicaciones brindadas por el titular del organismo, Santiago Bausili, y las respuestas que la propia entidad entregó a la Auditoría General de la Nación (AGN).
Ante las consultas de la oposición en el Congreso, Bausili aseguró que no había motivos para preocuparse por las operaciones porque habían sido revisadas por auditorías internas, externas y por la propia AGN.
“2023, 2024 y 2025 (…) están y no tienen comentarios”, afirmó el presidente del Central. Y agregó: “La información está disponible, está auditada y están los informes de auditoría”.
Sin embargo, la reconstrucción de los intercambios entre el BCRA y la AGN muestra que el organismo de control no pudo llevar adelante la auditoría de las transferencias de oro en los términos que pretendía.
La AGN intentó auditar los envíos
La primera documentación solicitada por la AGN estuvo vinculada con cuatro transferencias realizadas durante 2024: 18 de junio, 2 de julio, 31 de julio y 13 de agosto.
Según la documentación oficial, en cada una de esas operaciones fueron enviados 250 lingotes, por lo que el organismo de control tomó conocimiento de un total de 1.000 lingotes transferidos en esas cuatro oportunidades.
El Banco Central no rechazó inicialmente el pedido de manera explícita, pero, según la reconstrucción de la AGN, tampoco entregó la documentación necesaria para avanzar con el trabajo. Entre los elementos reclamados se encontraban actas, dictámenes y otras actuaciones vinculadas con las operaciones.
El otro punto de conflicto fue el carácter confidencial de la información.
Desde el Central argumentaron que los datos solicitados tenían carácter secreto y que se encontraban en expedientes reservados. La entidad sostuvo que debía garantizar el control sobre el acceso a información sensible, su custodia y evitar su reproducción o circulación fuera de sus entornos controlados.
La AGN cuestionó que esas condiciones permitieran realizar una auditoría efectiva.
Una auditoría “solo de lectura”
Según la reconstrucción del intercambio, la única alternativa que el Banco Central ofreció inicialmente fue que los auditores pudieran acceder a la información desde computadoras de la entidad, sin fotografiarla, realizar copias ni tomar notas.
Para la AGN, ese esquema resultaba incompatible con las necesidades técnicas de una auditoría, porque impedía conservar la evidencia necesaria para respaldar las conclusiones.
En septiembre, Bausili insistió en que la información tenía carácter secreto y que los expedientes se encontraban a disposición de la AGN para su lectura.
El equipo auditor analizó esa respuesta y concluyó que, bajo esas condiciones, la información solamente podía ser objeto de una observación directa, pero que eso no constituía un medio suficiente para respaldar técnicamente la evidencia.
La AGN, de todos modos, aceptó posteriormente parte de las condiciones planteadas por el Banco Central. Fue entonces cuando apareció un nuevo obstáculo.
El Central sostuvo que no había contratos
Cuando los auditores avanzaron sobre la documentación vinculada con los depósitos de oro en el exterior, el BCRA sostuvo que no existían contratos que pudieran ser examinados.
“Los informes del servicio jurídico del BCRA, respecto de cada contrato, no se han tenido que elaborar ya que, como se informara anteriormente, no hay contratos”, respondió la entidad.
La respuesta también aparece reflejada en otro documento de la AGN, donde consta que el Banco Central informó que “los contratos de colocación de lingotes de oro con el BIS y/o cualquier otro depositario del exterior (…) no existen a la fecha ni los había al 31/12/2024”.
El dato resulta relevante porque la AGN había iniciado su trabajo precisamente con el objetivo de examinar la operación y la documentación relacionada con los movimientos de las reservas.
El antecedente que plantea la AGN
El organismo de control también recordó que existen antecedentes en los que pudo acceder a información sensible del Banco Central.
En particular, citó una auditoría aprobada en 2024 bajo el título “Procedimientos empleados por el BCRA para la administración de reservas internacionales”. En ese trabajo se auditó la totalidad de las reservas internacionales del organismo y, según la AGN, se proporcionó la información requerida.
El planteo de la Auditoría es que las restricciones impuestas en esta oportunidad no pueden equipararse automáticamente con los procedimientos utilizados en trabajos anteriores.
La AGN también señaló que, cuando previamente realizó verificaciones “in situ”, se trató de auditorías financieras y no necesariamente de auditorías de gestión como la que pretendía realizar sobre estas operaciones.
La respuesta de Bausili, bajo la lupa
La discusión volvió a instalarse después de que Bausili asegurara ante el Congreso que las reservas están registradas y auditadas y que no existe ningún elemento que permita suponer una irregularidad.
El titular del Central buscó diferenciar la reserva de información de una eventual falta de registración. Según su explicación, el Gobierno decidió no difundir en tiempo real determinados detalles para evitar afectar la administración de los activos internacionales, pero esos datos habrían sido remitidos a los organismos de control y registrados en los estados contables.
El problema que surge de la documentación analizada por la AGN es diferente: no se centra únicamente en si el oro está registrado contablemente, sino en si el organismo de control pudo acceder a la documentación y a la evidencia necesaria para auditar concretamente las transferencias.
A esto se suma otro punto de la controversia: mientras Bausili sostiene que las operaciones fueron auditadas y que los informes no tuvieron observaciones, la documentación de la AGN muestra que el organismo tuvo dificultades para llevar adelante el examen y que el propio Banco Central sostuvo que no existían contratos de colocación de los lingotes con depositarios del exterior.
La disputa, por lo tanto, quedó planteada en torno a una cuestión central: qué información fue efectivamente auditada, bajo qué condiciones y qué documentación pudo revisar la Auditoría General de la Nación sobre los movimientos de oro realizados desde 2024.
