La interna del peronismo atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión desde la derrota electoral de 2023. Mientras el gobernador bonaerense, Axel Kicillof avanza en la construcción de un proyecto político propio con vistas a 2027, el entorno de Cristina Fernández de Kirchner deja un mensaje cada vez más explícito: hoy no lo consideran su candidato para la Presidencia.
La definición refleja el deterioro del vínculo entre ambos sectores y alimenta las especulaciones sobre una posible competencia interna que podría modificar el mapa del peronismo de cara al próximo turno electoral.
El cristinismo marca distancia de Kicillof
Desde el círculo político más cercano a Cristina Kirchner sostienen que el mandatario bonaerense nunca expresó formalmente su intención de ser candidato presidencial ni solicitó el respaldo de la exmandataria.
La interpretación que predomina en ese espacio es que Kicillof busca consolidar un liderazgo propio dentro del peronismo, preservando la identidad kirchnerista pero sin depender políticamente de Cristina Kirchner.
Según esa lectura, el gobernador intenta construir un espacio autónomo que conserve parte del electorado identificado con el kirchnerismo, aunque sin la conducción directa de la expresidenta.
La estrategia de Kicillof: construir sin acelerar la candidatura
En la Gobernación bonaerense insisten en que 2026 debe ser un año de construcción política y evitan hablar públicamente de una candidatura presidencial.
El objetivo inmediato pasa por fortalecer una estructura nacional y consolidar un perfil propio antes de definir el escenario electoral de 2027.
En ese contexto, el gobernador procura mantenerse al margen de la confrontación pública con el cristinismo, aunque dentro de su entorno reconocen que la relación con el sector que lideran Cristina y Máximo Kirchner atraviesa un momento de fuerte desgaste.
El debate por el candidato del kirchnerismo
Mientras Kicillof desarrolla su estrategia, en el espacio de Cristina Kirchner aseguran que el kirchnerismo tendrá un candidato propio el próximo año y que la exmandataria participará activamente de esa definición.
Entre los nombres que aparecen con mayor frecuencia figuran:
- Máximo Kirchner.
- Eduardo de Pedro.
- Sergio Massa, aunque este último es considerado un eventual postulante de consenso entre distintos sectores del peronismo y no exclusivamente del kirchnerismo.
La discusión también incluye el mecanismo de selección. Mientras buena parte del justicialismo considera conveniente realizar elecciones primarias, dentro del cristinismo crece la idea de competir directamente en una elección general con un candidato plenamente identificado con Cristina Kirchner.
Las diferencias sobre las PASO
Uno de los principales desacuerdos gira alrededor de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Sectores cercanos a Cristina Kirchner sostienen que una primaria favorecería especialmente a Kicillof, ya que le permitiría mantener el respaldo del electorado kirchnerista durante la competencia interna.
En cambio, consideran que una candidatura propia respaldada directamente por la expresidenta podría retener buena parte de ese voto si ambas expresiones llegaran separadas a una elección general.
El riesgo de una fractura en el peronismo
El creciente distanciamiento entre ambos liderazgos reavivó dentro del justicialismo el debate sobre una eventual división electoral.
Algunos dirigentes ya comparan el escenario con el de las elecciones presidenciales de 2003, cuando el peronismo compitió dividido con múltiples candidatos.
La desconfianza mutua también se alimenta del antecedente del Frente de Todos y de la experiencia del gobierno encabezado por Alberto Fernández, cuya convivencia interna terminó marcada por fuertes enfrentamientos entre sus principales socios políticos.
Una disputa que condiciona el futuro opositor
Mientras el oficialismo concentra la atención pública, el peronismo continúa definiendo quién ejercerá su liderazgo en la etapa posterior a Cristina Kirchner.
Por un lado, Kicillof busca consolidarse como una alternativa nacional con autonomía política. Por el otro, el núcleo duro del kirchnerismo deja en claro que la expresidenta seguirá teniendo un rol central en la definición de candidaturas y en la estrategia electoral.
La discusión todavía está abierta, pero las señales que envían ambos sectores muestran que la posibilidad de una competencia interna —e incluso de una fractura— dejó de ser una hipótesis lejana para convertirse en uno de los principales interrogantes del escenario político rumbo a 2027.
