El consumo per cápita descendió a 47,5 kilos anuales por habitante, el registro más bajo de las últimas dos décadas. La pérdida de poder adquisitivo golpea al mercado interno mientras las exportaciones encuentran impulso en Estados Unidos.
La carne vacuna sigue perdiendo terreno en la mesa de los argentinos. En mayo, el consumo por habitante cayó a 47,5 kilos anuales, un nivel que no se observaba desde hace dos décadas y que refleja el impacto de la caída del poder adquisitivo sobre uno de los productos más emblemáticos de la dieta nacional.
Los datos difundidos por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) muestran una retracción interanual del 6,1% en el consumo per cápita, equivalente a una pérdida de 3,1 kilos por habitante respecto del mismo período del año anterior.
La caída se produce en un contexto de fuerte reacomodamiento del mercado cárnico, donde el consumo doméstico pierde peso mientras las exportaciones ganan protagonismo.
El bolsillo limita el consumo
Según el informe sectorial, la principal explicación detrás del retroceso está vinculada al deterioro del poder de compra de las familias frente al encarecimiento relativo de la carne vacuna.
Aunque durante los últimos meses algunos cortes comenzaron a mostrar bajas moderadas de precios, los valores continúan en niveles elevados en comparación con los ingresos de amplios sectores de la población.
Entre enero y mayo, el consumo aparente de carne vacuna registró una caída del 11,1% interanual y se ubicó en 855.750 toneladas res con hueso. En términos absolutos, el mercado interno absorbió más de 106.000 toneladas menos que en igual período del año pasado.
La cifra confirma una tendencia que se viene profundizando en los últimos años: la pérdida de participación de la carne vacuna frente a otras proteínas más accesibles, como el pollo y el cerdo.
Algunos cortes comenzaron a bajar
El informe de CICCRA también detectó una moderación en los precios durante mayo.
El valor promedio de los cortes vacunos registró una baja mensual de 0,7%, acumulando así dos meses consecutivos de retrocesos.
La mayor reducción correspondió al asado, cuyo precio cayó 1,6% respecto de abril. También se observaron bajas en cortes tradicionales como cuadril, nalga, paleta y carne picada común.
Sin embargo, la disminución todavía no alcanza para revertir el deterioro acumulado en la capacidad de compra de los hogares.
Los especialistas advierten que, aun con cierta estabilización de precios, la recuperación del consumo dependerá principalmente de la evolución de los salarios y del empleo durante los próximos meses.
Estados Unidos gana terreno y China pierde protagonismo
Mientras el mercado interno se contrae, las exportaciones muestran una dinámica diferente.
Durante los primeros cinco meses del año, las ventas externas de carne vacuna crecieron 5,1% interanual y alcanzaron unas 312.200 toneladas res con hueso.
El principal motor de ese crecimiento fue Estados Unidos.
La ampliación del cupo libre de aranceles acordado entre ambos países a comienzos de año impulsó una fuerte expansión de los embarques hacia ese destino. En abril, las exportaciones al mercado estadounidense crecieron 25% respecto del mes anterior y triplicaron los niveles registrados un año atrás.
El país norteamericano llegó a concentrar cerca del 30% de las exportaciones argentinas de carne vacuna, una participación inédita en los últimos años.
En contraste, China continúa siendo el principal comprador individual, pero perdió peso relativo dentro del negocio exportador. Los envíos al gigante asiático registraron una fuerte caída tanto en términos mensuales como interanuales.
La transformación del mapa exportador también se reflejó en la facturación. Entre China y Estados Unidos explicaron casi dos tercios de los ingresos generados por las ventas externas durante abril.
Menos hacienda y menor producción
El escenario del sector está condicionado además por una reducción en la oferta de ganado para faena.
La producción de carne vacuna acumuló una caída de 7,3% en los primeros cinco meses de 2026 y totalizó 1,168 millones de toneladas res con hueso, unas 91.650 toneladas menos que en igual período del año pasado.
Detrás de esa baja aparece un fenómeno que preocupa a la industria: la menor disponibilidad de hacienda tras varios años de liquidación de stock ganadero.
Según CICCRA, la sucesión de eventos climáticos adversos que afectó a distintas regiones productivas desde 2022 obligó a numerosos productores a reducir rodeos y acelerar ventas de animales, generando un impacto que todavía condiciona la capacidad productiva del sector.
La consecuencia directa es una caída sostenida de la actividad frigorífica.
Entre enero y mayo se faenaron 4,94 millones de cabezas de ganado, un descenso de 9,8% respecto del mismo período de 2025. Se trata del nivel de actividad más bajo de la última década.
Un cambio estructural en el mercado
Los datos reflejan una transformación que va más allá de una coyuntura puntual. Durante décadas, Argentina fue identificada internacionalmente por sus elevados niveles de consumo de carne vacuna. Sin embargo, la combinación de cambios en los hábitos alimentarios, restricciones económicas y precios relativos cada vez más elevados viene modificando esa tradición.
Mientras las exportaciones encuentran nuevas oportunidades en mercados externos, el consumo doméstico continúa ajustándose al ritmo de los ingresos familiares.
El resultado es una paradoja cada vez más visible: la carne argentina gana espacio en el mundo al mismo tiempo que pierde presencia en la mesa de los propios argentinos.
