La crisis económica que atraviesa Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur encuentra su correlato en una interna política cada vez más fragmentada dentro del peronismo local. Detrás de la disputa por recursos emerge también una puja por el liderazgo y la sucesión del gobernador Gustavo Melella, con la mirada puesta en las elecciones de 2027.
El conflicto escaló en las últimas horas en la previa de una foto política relevante: el desembarco en la provincia de Axel Kicillof y Ricardo Quintela, quienes participarán de las actividades por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. En contraste, la vicepresidenta Victoria Villarruel canceló su visita, en una decisión que evita tensiones políticas adicionales.
Proyección nacional y tensiones internas
La llegada de Kicillof no solo tiene un componente conmemorativo, sino también político. El gobernador bonaerense busca proyectarse a nivel nacional y consolidar un armado con vistas a disputar el poder en 2027 frente a Javier Milei.
A su lado estará Quintela, quien también impulsa una construcción federal por fuera del esquema tradicional del kirchnerismo. Ambos dirigentes exploran alternativas que les permitan ampliar su base política, en equilibrio entre sectores alineados con Cristina Fernández de Kirchner y aquellos que promueven una renovación más profunda.
Sin embargo, dentro del peronismo fueguino la visita genera resistencias. Algunos sectores consideran que no es el momento adecuado para ese tipo de movimientos, en un contexto económico y político delicado.
Melella, sin respaldo territorial
El gobernador Melella enfrenta un escenario adverso. Actualmente carece del apoyo de los principales intendentes de la provincia. Martín Pérez (Río Grande) y Daniel Harrington (Tolhuin) rompieron con el oficialismo provincial y avanzan con estructuras propias.
Por su parte, Walter Vuoto, intendente de Ushuaia y referente del kirchnerismo, había sostenido una alianza con Melella, pero en los últimos meses endureció sus críticas. Lo acusó de retener fondos que corresponden al municipio, lo que —según planteó— afecta paritarias, servicios y compromisos financieros locales.
Las diferencias, que inicialmente eran políticas, comenzaron a traducirse en disputas concretas por recursos, profundizando la fragmentación del oficialismo provincial.
El factor económico y la disputa por recursos
La tensión se da en un contexto económico complejo para la provincia, particularmente por el impacto sobre el régimen de promoción industrial, clave para la actividad en Río Grande. Las decisiones del Gobierno nacional, como la reducción de aranceles a productos electrónicos, golpearon uno de los pilares productivos del distrito.
A esto se suma la intervención del puerto de Ushuaia por parte de la Nación, una medida que afectó las finanzas provinciales y que incrementó la presión sobre la gestión de Melella.
En este escenario, en sectores del peronismo interpretan que el gobernador ensaya un acercamiento con la Casa Rosada para aliviar la situación, tomando distancia del kirchnerismo en busca de mayor margen de maniobra.
2027 en el horizonte
El trasfondo de la crisis es político. Martín Pérez ya trabaja en la construcción de una alternativa propia para disputar la gobernación en 2027, mientras que Vuoto mantiene un posicionamiento más cercano al kirchnerismo, aunque sin definiciones claras sobre su futuro.
En paralelo, Melella enfrenta otra incógnita: la reforma constitucional pendiente. El proceso podría habilitar —o no— la posibilidad de una nueva reelección, un factor que suma incertidumbre al escenario.
Una foto política clave
Kicillof, Quintela y Melella participarán de la vigilia en Río Grande y del acto central en Ushuaia por un nuevo aniversario del inicio del conflicto del Atlántico Sur. La actividad reunirá a dirigentes de distintos sectores del peronismo, en una postal que buscará mostrar volumen político, pero que también dejará expuestas las tensiones internas.
La ausencia de Villarruel, en tanto, evita una imagen incómoda junto a referentes opositores al Gobierno nacional y confirma el delicado equilibrio político que atraviesa el escenario fueguino.
Con una economía en crisis, un oficialismo fragmentado y liderazgos en disputa, Tierra del Fuego se encamina hacia un proceso de reconfiguración política donde cada movimiento empieza a leerse en clave 2027.
